Baños Calientes 2

Por Lisseti.
Ese día tenía ganas de bailar. Estábamos con mi novia de entonces, dándolo todo en la pista. En una esquina, de pronto, apareció Mariana. Mariana me seguía hace meses, iba a todas las fiestas donde yo era DJ, me bailaba desde las esquinas, me miraba con cara de deseo. Esa noche yo estaba más caliente que de costumbre, por eso me pareció una suerte que apareciera, siempre invitándome a follar con ella.
Estos meses nunca cedí a sus invitaciones. Estaba mi novia, que aunque no era tan celosa, igual tendría que aguantar un par de horas de retos, pero sobre todo me preocupaba la “cortada de agua”. No estaba dispuesta a eso, ni siquiera por esos rulos rubios que se movían al ritmo de mi música.
Pero ese día era especial, las cosas con Francesca no iban de lo mejor y siempre es bueno tener una cartita bajo la manga.
La pista de baile fue escenario de nuestro coqueteo. Bailaba con Francesca, pero miraba a Mariana de vez en cuando. Todo era un juego, cada vuelta que daba bailando era aprovechado por ella o por mí, para rozarnos, sin que nadie lo notara.
Todas quisieron ir a otro lugar, bajamos por la escalera y decidí volver al baño antes de internarnos en otro tugurio de Bellavista.
En la esquina de la escalera estaba Mariana. Me mira con sus anteojos rojos, los rulos rubios pegoteados por el sudor de las tortas del lugar, la ropa negra, la boca apuntándome, los pezones apuntándome. Me hago la loca y entro al baño.
Antes lo imaginé, pero nunca pensé que se atrevería. Una mano asertiva no dejó que cerrara la puerta. Con fuerza, Mariana empujo la puerta del baño. Atónita sólo la miré. Ella me miró. Estábamos solas, mi novia abajo, yo caliente, ella valiente. Me tomó de la cintura y me aplastó contra la pared. No dejó de mirarme a los ojos mientras me daba un beso que me dejó pa´ la cagá. Sin despegar la mirada me muestra su mano, chupa sus dedos, los deja mojados en saliva caliente, abre mis jeans, me baja los calzones y mete los dedos sin previo aviso. Sentí que todo se movía, ya no controlaba mi cuerpo, estaba ida, como drogada mientras ella trabajaba en mi vagina. Un chorro propio se unió a los dedos salivados de ella y ahora éramos como peces, follando en un baño de local lésbico. Mariana no dejaba de mirarme, penetrante, penetrándome con la mirada y los dedos, levantando mis pies del piso con una sola mano, haciéndome chillar al ritmo de Lady Gaga que cantaba afuera.
Era el turno de la lengua. Abrió mi camisa a cuadros y se fue lamiendo desde la boca hasta mi chocho. Succionaba, soplaba, agitaba, vibraba, lamía, comía, metía, sacaba, chupaba, mojaba y yo me iba en río transparente y viscoso. Mis músculos vaginales latían al ritmo del orgasmo más rápido e intenso que he tenido en mi vida. Latía mi corazón, latía el útero, yo cacho que me latía hasta el hígado.
Mariana me abrazó mientras volvía a la vida y en cuanto eso pasó….me acordé de la Francesca. CONCHADETUMADRE!!! estaba abajo esperándome. Recogí mis calzones del suelo mojado del baño, me puse lo pantalones como pude, peiné mi chasca rebelde, le metí la lengua en la boca a la Mariana y me fui del baño.
Abajo estaba ella esperando…mi mira con cara de “¿porqué te demoraste tanto?”. Con la mayor cara de raja que tenía le dije:
“ Puta las tortas! Siempre la misma historia, se ponen a follar en el baño y una tiene que esperar tanto pa mear”.
(foto por espe.mh)









“ Puta las tortas! Siempre la misma historia, se ponen a follar en el baño y una tiene que esperar tanto pa mear”.
ajjaajajaja..nunca faltan !
gran relato, los arrebatos son afrodisíacos que calientan desde la muerte de lo romántico.