Lo humano que nos queda 3

Por cepunto.
Cinco días han pasado desde que se nos movió el piso. Cinco días en que nadie entiende mucho lo que pasó, cinco días que vemos con nuestros ojos, o por los ojos de las cámaras de televisión, como la naturaleza nos recuerda su poder y fuerza. Un puro sacudón y se vinieron abajo nuestras ilusiones de control sobre este, nuestro planeta, amable, hermoso, violento y prácticamente desconocido.
La seguridad que nos da un poco de plata en una cuenta corriente, o la compra de un pedazo de aire en un gran edificio, se vino abajo de golpe. Incluso hay algunos que aprovechan este momento para robar, llevarse un televisor o una lavadora… ¿Para qué? Un par de sucios billetes no les devolverá ni la seguridad ni la calma, menos la paz.
En nuestro afán por adaptarnos en la sociedad, nos olvidamos de adaptarnos a nuestro planeta. ¿Cuántos de nosotros sabe reconocer en el cielo cuando va a llover, o la llegada de la primavera? Un tren nos lleva por la vida, juntando cosas, intentando ganar cada día más plata, tener un auto más grande o criticando al de al lado. Así nos olvidamos que somos habitantes de la tierra, que somos animales pequeños y débiles, sin pelos en el cuerpo que nos protejan del clima. Nuestros dientes son pequeños, escuchamos poco, y nuestro olfato está opacado por el humo del smog y los caros perfumes comprados en una multitienda.
A las 3:34 de la mañana del último sábado fuimos todos iguales. Un terremoto es lo más socialista que existe, a todos nos llega igual, a todos nos puede matar, a todos nos asusta y a todos deja boquiabiertos. Desde las casas de los más ricos habitantes del barrio alto hasta las casas de campamento en las periferias de las grandes ciudades, despertamos con el rugido tremendo de la tierra acomodándose.
Un evento así, nos golpea, pero también nos humaniza, nos reconcilia con quienes estábamos peleados y nos reconoce con los vecinos. Las personas con las que convivimos todos los días, cambian desde ese sábado. Pasan de ser una simple cara a un ser humano, con miedo, dolor o alegría.
En un terremoto no existen ganadores. Aquí todos perdemos. Un plasma o un poco más de dinero no nos hacen mejores, ni más felices cuando gran parte de nuestro país está sufriendo.
Ahora la misión es reconstruir, rearmarnos y reconciliarnos. Volver a ser humanos, trabajar y sobre todo reconocer nuestra pequeñez y con humildad volver a la normalidad, ojala siendo mejores personas, entregando más amor en cada cosa que hacemos y protegiendo lo más importante: nuestros seres queridos y lo humano que nos queda.





buena reflexion, q bueno q no se quedaron al margen d lo acontecido… Un abrazo a todas las fun… Q quizas lo estan pasando mal en el sur
Hace una semana me preocupaban puras huevadas. Con el terremoto muchos sentimientos aparecieron, ahora me doy cuenta de lo que realmente importa, de cuánto quiero a los míos. Lo terrible, es que para que como sociedad descubramos lo que nos debiera mover y preocupar, se tengan que perder tantas vidas.
Muy buena reflexión.
Estoy de acuerdo contigo en muchas cosas, pero si bien los terremotos son fuerzas de la naturaleza que nos golpean a todos, excepcionalmente afectan a los más ricos humana y económicamente.